Håkon el Bueno
Håkon el Bueno, hijo de Harald I criado en la corte del rey Athelstan de Inglaterra, reinó en Noruega alrededor de 934-961. Fue el primer rey que intentó cristianizar el país y no lo consiguió: murió por las heridas de la batalla de Fitjar, dejando el trono a los hijos de su hermano Erik.

En esta guía
Håkon el Bueno reinó cerca de treinta años, más que ningún otro rey noruego de su siglo, y fue el primero en intentar cristianizar el país. Fracasó en eso último, y la forma en que fracasó dice bastante sobre cómo funcionaba el poder en la Noruega del siglo X.
Criado en Inglaterra
Era hijo de Harald I, pero se educó lejos: fue enviado de niño a la corte del rey Athelstan de Inglaterra, que lo crió como hijo adoptivo. De ahí su otro sobrenombre, Adalsteinsfostre, «el criado por Athelstan».
Volvió siendo joven, cuando su hermano Erik Hacha Sangrienta ocupaba el trono, y reunió apoyo suficiente entre los señores locales para desplazarlo sin una guerra larga. Erik salió del país.
| Reinado | c. 934 – 961 |
| Criado por | Athelstan de Inglaterra |
| Muerte | Por las heridas de la batalla de Fitjar |
El intento de cristianizar Noruega
Håkon volvió de Inglaterra siendo cristiano y quiso que su reino lo fuera. Se encontró con una resistencia que no venía sólo de la creencia, sino de la estructura del poder: los sacrificios y banquetes rituales eran el acto político donde el rey y los grandes propietarios sellaban su alianza. Negarse a participar equivalía a romper con ellos.
Las sagas cuentan escenas en las que los señores lo presionan hasta obligarle a tomar parte en los ritos paganos. Sean literales o no, describen bien el problema: un rey noruego del siglo X no gobernaba por encima de los grandes señores, sino con ellos. Håkon acabó cediendo y el país siguió siendo pagano.
Las reformas que se le atribuyen
La tradición le adjudica dos cosas de gran alcance: la organización del leidang —el sistema por el que los distritos costeros debían aportar barcos y hombres para la defensa— y la fijación de leyes regionales como las del Gulating.
Conviene un matiz. Es habitual que las tradiciones jurídicas atribuyan su origen a un rey concreto y prestigioso, aunque en realidad se hayan formado poco a poco a lo largo de generaciones. Que esas instituciones existieran no significa que las creara él en un acto único.
Fitjar, el final
Los hijos de Erik regresaron a reclamar el trono. Håkon los venció en la batalla de Fitjar, pero resultó herido y murió poco después a consecuencia de la herida. Ganó el combate y perdió el reinado.
Que un rey cristiano muriera dejando el país en manos de sus rivales retrasó la cristianización de Noruega varias décadas. Habría que esperar a Olav Tryggvason y, sobre todo, a Olaf el Santo.
La secuencia completa está en reyes vikingos de Noruega.


